Para evitar que se convirtiese en una bola de fuego la NASA usaba unas placas cerámicas especiales capaces de disipar el calor muy rápidamente. Este vídeo te las muestra en acción. Tras calentar el cubo a 1.204 grados durante una hora sale al rojo vivo del horno, pero puede tocarse con los dedos en pocos minutos.
El material es fascinante, además, porque no sólo tiene que ser capaz de resistir las altas temperaturas de la reentrada, que pueden llegar a superar los 1.600 grados, sino también el frío del espacio, de 156 grados bajo cero. Tras finalizar cada misión las más de 21.000 placas que tenía cada transbordador debían inspeccionarse una a una y cambiarse si mostraban algún desperfecto. [NASA (PDF)]
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