Las presiones de la industria discográfica han podido finalmente con el servicio de música estadounidense Grooveshark, que tras casi diez años en línea y en torno a seis batallando en los tribunales por su modelo de negocio, tira la toalla y echa el cierre.

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De un plumazo ha desaparecido cualquier representación oficial de Grooveshark en Internet, incluyendo el sitio web donde se alojaba el servicio de streaming, las cuentas sociales o el blog corporativo, que hasta hace unos días publicaba con normalidad noticias de artistas en promoción. Todo ha sido eliminado excepto el tremendo “mensaje de despedida” que figura en el otrora portal musical.

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Los responsables de Grooveshark anuncian el cese inmediato de actividades y se lamentan por los “serios errores” que han cometido permitiendo la vulneración de derechos de autor. Se disculpan y admiten que han llegado a un acuerdo con las grandes compañías -Universal Music Group, Sony Music y Warner Music Group- y además del cierre, les entregan toda propiedad intelectual -marca, sitio web, aplicaciones móviles-. Acto seguido recomiendan servicios como Spotify, Deezer, Google Play o Beats Music a modo de reemplazo (solo los dos primeros lo son por entero), así como recuerdan que si se ama la música, hay que disfrutarla únicamente a través de canales legales. Y se despiden.

Un anuncio que aparentemente cae de improviso, más teniendo en cuanta que apenas unos meses ha Grooveshark renovaba su interfaz por completo, pero que se veía venir desde hace mucho. Grooveshark se diferenciaba de otras plataformas por ser más abierto: ofrecía música a la carta sin la necesidad de registro y permitía a los usuarios subir sus propias canciones, no para su reproducción privada, sino para compartirlas con el resto de usuarios.

Escape Media, la firma tras Grooveshark, se intentó escudar bajo el ejemplo de YouTube, sin conseguirlo. Entre otras cosas porque, se dice, en el juicio ha quedado demostrado que los empleados subieron miles de temas de los que no poseían derechos.

Grooveshark plantó cara a la industria musical, sufrió las consecuencias y fue marginada por socios y tachada de marca non grata por agentes de Internet como Facebook y Google. Mientras tanto, siguió operando y batallando. Hasta la semana pasada, cuando Escape Media le viera las orejas al lobo en forma de pago por compensación por valor de 736 millones de dólares y decidiera claudicar. De violar los términos del acuerdo, deberían indemnizar a la parte contraria con 75 millones de dólares. No parece que vaya a suceder.

Así pues, adiós a Grooveshark, al que consideramos en su momento como el “sucesor universal de Last.FM y Spotify“, con molestos defectos como el desorden generalizado, pero con sus aciertos. Difícilmente se quedará ahí el lobby discográfico, al que no gusta dar gratis su producto en ningún caso.

 

 

Fuente:muycomputer.com

Sergio I. Lizárraga P.

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