Él estaba atado, ella era libre, pero sin él no se iría. Él odio y la desesperación lo invadieron en cuestión de segundos. No era de extrañarse ya que se hallaban en un lugar tan lúgubre, tan siniestro que el simple hecho de entrar te transformaba. Ese ya no era un hombre, ese era una bestia, sin embargo, ella tenía la esperanza que aquel querido hombre aún muy en el fondo se encontraba. Las palabras dolían, pero su mente repetía que tan solo era un reflejo nocivo de los demonios que aquí habitaban.

Ella tira con fuerza las cadenas que lo enlazan, sus brazos son inútiles. Emprende el vuelo y con alas extendidas las mueve con furor, sin embargo, él se ha rendido, su cuerpo se desploma ante sus pies, su esencia se desvanece y ambos lo saben. Su faz da su último aliento y ella le confiere su último beso.

La depravada habitación atribuye otra victoria, no obstante, el terror de abandonar a su amor la domina y con gran afán vuelve a su cuerpo mal herido, más este al despertar, ya no es él, él se ha ido y jamás volverá.   Las cadenas que lo mantenían cautivo se quebrantan en su andar, siendo incapaz de aceptar la verdad, ella se aproxima, mas este la desconoce, esquivando su cariño y con un movimiento la lanza contra la pared rocosa, la herida superficial era indolora comparada con la herida que su fracturado corazón se enfrentaba.

Aquel hombre que le correspondía, ahora les pertenecía a las tinieblas y ahora su alma se encontraba flotante sobre las sombras de los vivos. Por segunda vez ella se mete en su camino, en un tono frío y siniestro enuncia las palabras – Apártate– con lágrimas en los ojos y con oídos sordos, ella toma su rostro con ambas manos y le vocifera –Se que estás ahí, no me dejes sola, no aquí, por favor- el solo responde –No quiero hacerte daño– ella con ira y desolación – No quieres hacerme daño, regresa a mí, regresa – se rompe- por favor-. Él solo continúa su camino, adentrándose a la oscuridad, ella no va a dejarlo. Con un vuelo fugaz lo toma por la espalda y lo eleva a los cielos –Debes ir a la luz y así volverás– él extiende sus alas y a la par con una sorprendente fuerza la sumerge en sus más terribles miedos, solo basto un pestañeo para que este hurtara su vitalidad. Sin fuerzas para volar, la arroja al vacío esperando su futura maldad.

Malas emociones la evaden, siente como cada centímetro de su piel se deprava, las cadenas que lo tomaron, la tienen a ella también «Ya eres nuestra» retumbo en su mente, cerró sus ojos y tomó sus cabellos y los jalo con fuerza, de repente un olor apareció, navegando en sus memorias reconoció ese peculiar olor , eran cultivos, cultivos de café a la par una pequeña brisa su rostro acarició, paulatinamente sus ojos abrió y un reducido resplandor la deslumbro. Se encontraba manejando aquel viejo auto de su padre, a su lado hallaba él sosteniendo su mano, todo era perfecto, tal cual lo había soñado, era como estar viva nuevamente ¿estar viva? «Yo estoy muerta» el dulce atardecer desapareció y la lluvia arraso. El pánico la invadió, y en cuestión de segundos la controversia comenzó, estaba enojada tal cual lo había hecho aquella última vez, el pedía que parará, más esta se negó y piso con fuerza el acelerador y un dos por tres el auto derrapo. Un golpe seco sonó, la sola mirada de desesperanza la rompió y el grito ensordecedor la lleno de horror «No es real, no es real, esto no es real, despierta» la sensación de ahogo se repitió «¡Despierta!, ¡maldita sea, despierta!»  la oscuridad se restableció. De un momento a otro de culpa se colmó pero no era razón suficiente para que la vida que le fue quitada  sea destruida por segunda ocasión por no oponerse al tormento –Hazlo por ti– sus alas no responden, entre lágrimas – Hazlo por él– se escucha un crujido, sus alas se abren y las cadenas se quebrantan, emprende el vuelo sin dirección solo intuye que debe ascender, ascender a lo más alto antes que las tinieblas se den cuenta que aún existe bondad que destruir. Sabe que debe irse y que la única alternativa que le queda es el cielo, y está al tanto que sufrirá más en el trayecto de lo que sufrió ahora. Ella debe sufrir por lo que es y por lo que fue.

Era el momento de traspasar al mundo de los vivos, cerró los ojos sabía que se encontraba a unos cuantos metros de la frontera nubosa, al estar frente al sol, este la juzgaría y desnudaría su alma para que esta se despojara de todo mal. Fueron solo instantes en el que el sol toco su piel y comenzó a arder, arder en llamas, pensó en regresar, pero este era el dolor que tanto había evitado en vida, ya no estaba dispuesta a echarse para atrás estaba preparada para pedir perdón. La fe la mantenía viva y si la perdía el sol la calcinaría. Débil y sintiendo su fin ejerce sus últimas palabras –lo siento tanto– su cuerpo se desvanece esperando su inminente muerte absoluta, alguien le tiende la mano y la toma, todo se torna negro, colapsa.
Al despertar una pequeña se acerca y le dice –Bienvenida, muy pocos llegan a lo que tú acabas de hacer– ella se levanta y toma su cabeza desorientada por lo sucedido, la pequeña le tiende la mano, ella la toma y mira a su alrededor se encuentra en el cielo caminando por las nubes bajo los rayos del sol, a lo lejos observa unas puertas más brillantes que el oro y se dirigen hacia esa dirección. Al dar su primer paso denota que sus alas aún arden, las observa y ve como estas han cambiado y no solo eso, su vestimenta, toda a ella se ha transformado. A tan solo un paso de adentrarse al paraíso, la pequeña le pregunta – ¿Estás lista?-  Y ella responde – – y la pequeña le dice  –Para poder entrar debes de deshacerte de todo mal- ella la mira extrañada y dice – Eso ya lo hice– la pequeña niega con la cabeza, toma su mano y le señala una pequeña mancha –Solo falta una pizca– como si fuera una pequeña astilla ella presidio a retirar y al momento que este mal dejo de estar en contacto con su piel, un gran resplandor apareció y las puertas se abrieron.

La paz que la invadió era indescriptible, jamás se había sentido tan plena, todo miedo, todo odio, todo mal pensamiento desapareció, era la primera vez que en verdad se sentía libre. Los meses pasaron y el dolor que una vez había sentido se había olvidado, hasta que un día Dios solicitó verla. Se presento aprisa en su trono y con voz cohibida dijo – ¿He hecho algo malo señor? – Dios con  toda serenidad le responde que –No has hecho nada malo hija mía, solo te he citado para conocer al arcángel sombrío que hizo lo inimaginableTengo conocimiento que usted todo lo veEn efecto, soy omnipresente, sin embargo no impongo  mi palabra, cada persona tiene libre albedrío de escoger sus propias decisiones, cada persona decide si creer o no en mí, y el día de hoy vengo a proponerte una misión de la cual tu decidirás si la tomas o no– ella asiente con la cabeza –Tu eres el inicio de una lucha, no me refiero a una revolución sino a una revelación, quiero que seas la salvadora de las tinieblas, hasta ahora nadie había salido del laberinto del inframundo mucho menos descifrado el enigma de la salvación, te necesito, quiero que seas parte de mi ejército de la plenitud– confundida responde – No, entiendo señor, ¿Qué quiere que haga?- Quiero que traigas más como tú, a mi reino- ¿Y cualquier persona que yo traiga será salvada?- Dios le responde –Si lo guías correctamente conforme a mis enseñanzas lo salvaré- Baja la mirada y el recuerdo de su viejo amado la invade– sin embargo solo hay un inconveniente- ella levanta la mirada y lo escucha con atención– una vez que salgas de mi reino no volverás a entrar, la entrada es abierta para todos pero una vez expulsada no hay vuelta atrás” ella responde “Entonces el trato es ¿Vivir en paz  o volver a las tinieblas y traer la paz?– Dios asiente, ella se levanta toma una espada y un escudo y caminando de espaldas, con una sonrisa dice  –Prefiero vivir diez mil infiernos antes que la persona que más amo y más personas sufran un segundo más en ese lugar” Dios le recuerda “El salir de aquí es el exilio absoluto” y ella responde “El no hacer nada es una tristeza profunda” y se tira al vacío.

Karla Deyanira Sosa Acuña

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